viernes, 2 de marzo de 2018

Los viajes en el tiempo

Existen los viajes en el tiempo, por lo menos hacia el pasado.


Cada vez que vemos una fotografía estamos viajando al pasado, a un instante capturado por una cámara, que ahora es un instante en la retina del que mira la foto.

Cada vez que leemos un libro que narra una historia basada en hechos reales, acaecida en otro tiempo, estamos viajando al pasado.

Cuando recordamos, estamos recordando lo que ya pasó.

Cuando investigamos a nuestros ancestros.

Cada vez que vemos un vídeo grabado, tenemos ante nuestros ojos algo del pasado.

Por eso no podemos decir que no se pueda viajar en el tiempo, por lo menos al pasado.

Si a los antiguos griegos, por ejemplo, les hubieran dicho que podrían capturar en una foto a color un instante en el tiempo, seguramente habrían dicho que eso no se puede hacer, y sin embargo hoy lo hacemos con la rapidez misma de quien saca una fotografía con su teléfono móvil y la comparte con sus contactos. Si eso era imposible antes, y ahora no lo es, ¿quién puede asegurar que un día no podremos también conquistar el futuro?




miércoles, 21 de febrero de 2018

LA ESPERANZA

No esperes mucho, así nada perderás. No confíes mucho, así nada temerás.
La clave está, siempre lo he dicho, en no ilusionarse.

Esperanza viene de espera; al que siempre espera, nunca nada le llega. Para dejar de esperar, algo debe llegar.

La esperanza está bien durante un tiempo, pero si pasado un tiempo largo nada resulta, la esperanza se vuelve enfermedad  y es mejor abandonarla.

Para casi todo el mundo la esperanza es algo positivo.
Para mí no.

Esperanza de que algo cambie,
de que las personas cambien,
de que las cosas mejoren...

Si las cosas, las personas o las situaciones no cambian, lo mejor es pasar de ellas. Nada de esperar. Nada de esperanzarse.
La esperanza, en mi opinión, es negativa.
Ata a las personas a situaciones eternas; las estanca, las ilusiona, las engaña.

La esperanza sólo debe ser recomendada en pequeñas dosis; su abuso produce sobredosis y nubla la visión.

Es mejor una desilusión a tiempo, que una esperanza engañosa. Cuando pienses en el verde esperanza reflexiona que al que siempre espera, nunca nada le llega.

Sé que esta es una opinión discutible, pero es la mía. Aunque respeto a los que creen que la esperanza es algo bueno. Yo tampoco digo que sea mala, pero en pequeña cantidad, y por poco tiempo, para que sea sana 😉

miércoles, 14 de febrero de 2018

El Collar de Caracoles

Hoy quiero hablar de un libro que acabé hace unos días. Voy a intentar hablar de él sin degollar la historia, porque me gustaría que esta entrada sirviera para que otros se animaran a leerlo.
"El Collar de Caracoles" es una historia de amor entre un gomero y una tinerfeña, ambientada entre Tenerife y La Gomera, sobretodo en ésta última. Al fondo, la erupción volcánica del Teide, que gracias a este libro, he aprendido que fue en 1909.
El autor, Felix Casanova de Ayala, nació en La Gomera, aunque tiene vínculos con muchos sitios, entre ellos La Palma.
Me parece interesante dar a conocer la obra de autores más cercanos y que son tan dignos y buenos escritores como los más internacionales o lejanos.
Lo que más me gustó de esta historia fue descubrir rasgos conocidos: el lenguaje canario, la comida típica, el deporte, las costumbres... y otros que ni siquiera conocía, como la ya mencionada erupción volcánica del Teide en 1909. Siempre me habría preguntado cómo serían las gentes que habitaban las Islas Canarias por aquellas fechas, desde luego mi imaginación ni se acercaba a la realidad.
¡Lo recomiendo!

miércoles, 7 de febrero de 2018

Encuentro

Se reencontró por casualidad con aquella mirada intensa, con aquellos ojos negros que lo escrutaban y lo miraban como si lo conocieran. Reconoció esos ojos porque, por lo visto, su subconsciente no los había olvidado. No recordaba haberlos guardado en su mente, pero lo había hecho...
Quizá la conociera de otra vida, de otro tiempo, de otro lugar...
Sintió esa sensación de atracción; un remolino, un huracán, el agua que corre sumisa hacia el desagüe.
¿Qué tan pequeña puede ser una ciudad para encontrar a una desconocida dos veces en el mismo sitio? ¿Qué tan grande como para que ese encuentro no se vuelva a producir; como para que él pierda la esperanza de volver a verla?

miércoles, 31 de enero de 2018

Antónimos

Frío - Calor
Humedad - Sequedad
Tristeza - Alegría
Claridad - Oscuridad
Debilidad - Fuerza
Odio - Amor
Cobardía - Valentía
Olvido - Recuerdo

Me doy cuenta ahora que, en realidad los extremos son la misma cosa.
¿Os habéis fijado en que el fuego (calor en exceso) quema y que el hielo (frío extremo), también quema?
¿Que para recordar hay que haber olvidado?
¿Que nuestra alegría, nuestra tristeza, nuestro odio y nuestro amor están sólo a un paso el uno del otro?
¿Que la tristeza es la ausencia de alegría como el negro es la ausencia de todo color?

Hoy me doy cuenta que los opuestos son lo mismo. Dos caras de una misma realidad... y que al proceder de la misma raíz- si es que no lo son acaso- producen los mismos efectos.
Algún orden cósmico debe haber en ello...

miércoles, 24 de enero de 2018

La puerta



Cierra la puerta que abriste hace años y que últimamente has reabierto... como una herida mal sanada.
Ciérrala porque por esa puerta solo puede entrar el dolor del desamor, del desprecio y de la indiferencia.
¿Para qué seguir buscando agua en un pozo seco; en un pozo que no quiere dar agua?
A veces pareciera que se cuela una brisa a través de la puerta, pero pronto resulta ser un espejismo que revela un ventarrón que cierra la puerta de un portazo, destruyendo también de un golpe seco toda esperanza.
Mejor será cerrar la puerta y, esta vez sí, trancar con llave para  después tirar ésta lejos, no vaya a ser que te pongas a rebuscarla. 🚪

miércoles, 17 de enero de 2018

La Sirenita


Hoy quiero hablaros de La Sirenita, junto con La Bella Durmiente, mi cuento de princesa Disney favorito. Pero no lo voy a hacer desde la misma perspectiva infantil que me encantó (y debo reconocer que me sigue gustando) en su momento; sino desde una perspectiva más críticamente adulta, para señalar el daño que las princesas Disney han hecho en las niñas, que ya no lo somos tanto, por los estereotipos que enseñan. 

Ariel, joven y extremadamente guapa, conoce al príncipe y se enamoran de un flechazo. Ella quiere estar con él, pero no le es sencillo porque, dada su condición de sirena, no tiene piernas. Entonces recurre a la mala del cuento que le dice que si le entrega su voz ella le regalará un par de piernas. ¡Pero a cambio tiene que dar su voz! La voz es una metáfora para decirle que mejor esté calladita si quiere hacer feliz a un hombre, al menos yo así lo entiendo. De hecho, la bruja no tiene reparos en decírselo:

Ariel:-Si me convierto en humana ya no veré a mis padres ni a mis hermanas.

Bruja:- Así es, pero tendrás a tu hombre.

Cuando la sirenita le dice que cómo va a enamorar a su “hombre” sin su voz, la bruja le replica:

-Eso no importa, ¡te ves muy bien! No olvides que tan sólo tu belleza es suficiente.

Y continúa:

-Los hombres no te buscan si les hablas, no creo que les quieras aburrir, ahí arriba es preferido que las damas no conversen a no ser que no te quieras divertir. Admirada tú serás si callada siempre estás, sujeta bien tu lengua y triunfarás.

¡Venga tópicos! Como Ariel es guapa seguro que no es inteligente, porque las mujeres inteligentes suelen ser feas (no se puede acaparar todo: ser guapa e inteligente) por eso, lo mejor es que permanezca callada y que deje hablar al hombre, no vaya ser que lo aburra y suelte alguna idiotez por la boca. Además, no necesita ser inteligente “sólo con su belleza es suficiente”. Bonita enseñanza para las niñas.

Adoro a La Sirenita, tanto el cuento como la película, pero ya no puedo ignorar que sus enseñanzas no son las más adecuadas.
En el futuro, cuando tenga hija (o hijas) y vea con ella esta película (porque no niego que es un clásico muy bonito), le explicaré que las cosas no son como las plantea la bruja; que nunca debe renunciar a su voz ni a su ser por un hombre y menos alejarse de su familia para estar con él; que alguien que la quiera de verdad nunca le pedirá que lo haga.